lunes, 30 de noviembre de 2009

Easy come, easy go...

miércoles, 14 de octubre de 2009

Thick cloud is clipping northeastern TAS as it circulates about a deep low just offshore and is generating patchy rain. Cloud is thinning over the rest of the state as the low retreats east, allowing any light showers to clear. Most of the west coast is already clear.

miércoles, 17 de junio de 2009

Dormito en el abismo del recuerdo de las cumbres, al calor cóncavo de sus capas de estratos retorcidas. Desde aquí la ciudad parece un amasijo de sonidos estridentes, inexplicables. Nada de la geometría intemporal de las paredes graníticas o la erosión de las moles calcáreas, ese mundo gris, ocre y rosa, veteado por la negra memoria de las aguas.

martes, 16 de junio de 2009

Conduje por esta ventana del cielo, de vuelta a Madrid, atolondrada todavía por los sinclinales de Marboré, por la enormidad desbordante del gran encabalgamiento de Gavarnie, por el viento cargado de sombras grises que subía desde el circo de Cotarueto y cortaba por la Brecha de Rolando, para caer a los dominios nevados del norte, frente a los Sarradets, y de vuelta a los pies del Taillón, bajando por la media ladera, mezclándose con el eco lejano de los torrentes y los silbidos de las marmotas.
Ayer, de bajada al sur por Bielsa, aún me sorprendió el sol en el valle de Pineta, con la quietud de la tarde después de las tormentas, y el Cilindro entre las nubes, los lagos colgados y llenos de hielo todavía, y la subida a Aínsa para ver por última vez las Tres Sorores, antes de darse la vuelta, la espalda, el silencio, hacia el cielo rayado de las autopistas.

martes, 9 de junio de 2009

A las 5 me despertó la tormenta cuando apenas hacía una hora que había conseguido dormirme --el cuerpo reclama un descanso, no más preguntas, no más recuerdos ni esa trémula agitación del deseo que ilumina las noches haciendo de ellas vísperas de tantos viajes. Después, ya no pude evitar quedarme embobada viendo cómo aparecían las luces detrás de la lluvia. A las 6 hay ya una claridad prometedora en el cielo. Tras las chimeneas, las nubes dibujan con sus claroscuros perfiles intermitentes en el cielo, sobre los edificios de la Place Clemenceaux.
Ayer a las 9 nos pilló la enésima tormenta, cuando corríamos ya tras los jardines del castillo. Cerraron la tapia y acabamos saltando de árbol en árbol, y después más barro, hierba demasiado alta como para no reír entre zancada y zancada, o no entretenerse haciendo eses. Al paso por el río las cuestas me dejan sin aliento, como siempre, pero a la bajada me engancho rápido al rebufo de J., y ya tiramos adelante mientras buscamos el ángulo perfecto en que los charcos salpican más. En el tramo final del parque, la explosión de olores antes de la última tormenta es difícilmente olvidable. El aroma intenso de la tierra mojada crece y se va llenando de matices, el aire racheado acerca los cedros y los enormes magnolios. Y otra vez amaina y queda una suave brisa que remansa todo ese universo, verde ozcuro, azul, marrón infinito y lejano. Cuando ya volvemos, a los pies del talud en que se cuelga la ciudad, diluvia y simplemente nos dejamos llevar, con ese silencio reconfortante que aparece al final de las carreras. Después va abriendo y al cielo aún le da tiempo a dejar que asomen alargados cirros que se estiran y van absorbiendo los colores de las últimas luces... Caen en pendiente las capas de nubes, algunas se desculgan sobre el Pic d'Anie, al oeste, y la ciudad queda en calma.
En fin, a veces todo parece un milagro. No se me ocurre con qué otra cosa puede uno ilusionarse, si no es con ese puñado de "pequeñas alegrías", a lo Hesse, que nos quedan al final de la jornada y que sólo tienen sentido porque podemos compartirlas. J. estaba allí con su despreocupada sonrisa, llenando de inocencia las grietas del pasado. Y luego esa nostalgia por que la vida no traiga más a menudo estas felices coincidencias. O al revés, esa nostalgia de que precisamente las traiga. En el pub de la esquina sonaba bajo Ray LaMontagne (Lessons Learned). Más nostalgia. Cervezas, un poco de rugby, Reclus ,viejas historias. Y esa necesidad de saber que las miradas, los gestos, las palabras han llegado, esa necesidad de conectar que nunca acaba y cansa y duele. El lejano zumbido de la inquietud, no saber pararse a tiempo antes de que las preguntas nos lleven demasiado lejos, vivir temiendo siempre haber sido malentendidos. Y otra vez el aroma que el viento sube desde las abroledas del río. Bare life.

miércoles, 3 de junio de 2009

Le plat pays, c'est loin... L'Adour, le bonheur, le vent qui souffle le soir...

La verdad es que empiezo a dudar seriamente de que vaya a salir con vida de este lugar. Por otra parte, mi tesis y mi hígado están tan íntimamente conectados que no creo que puedan soportar más la vie paloise... Otra noche sumando pintas por los pubs de la ciudad y hasta el moreno pirenaico se me va a desteñir. Mais bon, ça va... laisse-toi gâter! --Principio de acción indispensable según el manual de supervivencia oséznica para desplazamientos de recorrido medio, ya se sabe--. Así que so-sweetie-J. llega con sus mimos al caer la tarde (ponga una J. en su vida, o dos o tres, en cada puerto, que persistan en hacerle la vida más feliz). Y vamos de vuelta caminando por las isletas verdes, mojadas, bajo unos cedros inmensos y el olor de las coníferas, que pueblan jardines olvidados tras las viejas tapias. El tiempo se embarulla y se aligera sucesivamente, una explosión remota en mitad del cosmos y esa suavidad con que transcurren ciertas horas de verano. O será la dulzura de los días, imagino, y esa extraña mezcla de la ciudad: mitad provincial, mitad señorial, algo decadente y siempre "convivial", con ese aire gascuñés de las tardes ligeramente nubladas. Y andar descalza por la barandilla del boulevard, sobre los jardines, a la sombra de las palmeras, con el viento que traen las montañas y acaricia la piel de una forma que sólo sucede en primavera... después ya es otra cosa, un viento más seco o más necesario que se hace demasiado presente, ruidoso. Es esa curiosa inconsciencia de no saberse acariciado y, de repente, descubrir la caricia, como un tiempo nuevo que se abre cada vez, y cada vez enseña y cura, como una necesaria ternura que se impone con la rotundidad de su lógica. Así que J. vuelve a poner cara de no romper un plato, quizás alegre al saber que echará de menos esta complicidad. Et oui, bah, c'est bien ça qui nous tient à coeur.

sábado, 30 de mayo de 2009

Desde que volví a Pau se había instalado en el valle una persistente capa de nubes que no me dejaba ver los Pirineos. (Desde la esquina de casa, sin ir más lejos... Sí, pa chula, yo :) Después llovió, granizó, bajó la temperatura y como todo resultado quedó una lechosa capa de nubes cerrando el horizonte. Nada de las sombras brillantes del perfil perfecto del Midi d'Ossau. (Suspiros aquí...) Por otra parte, ha sido la coartada perfecta para cultivar la leve conmoción del recuerdo de los días benasqueses... Las manos de J. quietas y su piel morena bajo un rendodel del luz. La alegre disposición que traen los días en blanco, sin más. Y luego salir del valle de madrugada, echar de menos los domos graníticos en lo alto, las rimayas y la feliz geometría de los encabalgamientos y los pliegues de la cobertera pirenaica, los espolones de pizarra en los pasos de los ríos y cuando de repente esas compactas bandas calcáreas se dejan ver en la pared.
Así que ayer, por fin, amaneció un estupendo día de primavera: y allí estaba de nuevo, al fondo, el Midi d'Ossau, las afiladas crestas del Balaitus, las paredes cerradas de Gavarnie y todo lo demás.
Cielos, creo que le voy a pedir trabajo a alguno de esos muchos punquis-con-varios-perros-y-caramillo que deambulan por la ciudad. Estar a poco más de cincuenta kilómetros de los Pirineos me pone definitivamente tonta. También se me ocurre abrir una tienda de tontuneces de esas que le gustan tanto a los francesas y que, diossabeporqué, sobreviven abiertas.
En fin. Qué decir, que me he tirado de cabeza a darle la vuelta al Pic Castérau y los Lacs d'Ayous, que todavía están completamente helados (el de Gentau, bajo el refugio, con esas indescriptibles vistas de la cara oeste del Midi d'Ossau; y sobre todo el lac Bersau, con el circo y Les Très Pundettes de Larry, que me he hinchado a dibujar a media tarde, bajo el sol y el viento helado que subía arañando la nieve, desde la cubeta). Espero soñar hoy con esos bosques de hayas, renacidos, brillantes, olorosos que cubren la ladera media, sobre los llanos de Bious.... Y el ruido furioso del agua por todas partes y la sombra poderosa que lanzan esas paredes torreadas. Eso, o lo pesadas que se ponen las moscas a última hora. Tormentas.
En fin, la dolce vita.

domingo, 24 de mayo de 2009

Sólo cabe adentrarse en la oscuridad del sueño para recobrar la profundidad de los barrancos y atender al cansancio del cuerpo después de las montañas. Sólo esos abismos oscuros son ahora capaces de absorber las resonancias del paisaje. Todo lo demás se me hace inútil por momentos. No sé por qué cada vez es más difícil remontar los viajes. Será porque la vida se desaparrama a cada latido en múltiples direcciones, irreconciliables a ratos --los más-- y tiñe de incertidumbre todo cuanto toca.
El viaje llega a su fin: de madrugada se deja atrás el valle, con su marcado perfil de crestas astillando el cielo en lo alto, salpicándolo de sombras azules y grises; la luna ciñe con su delgado cuerpo un brillante haz de luz en el horizonte, mientras el frío aliento de las boscosas laderas habla aún el lenguaje de la noche y las nubes avanzan ya valle arriba. Trata uno en vano de sacudirse el silencio ensimismado de las cumbres y de poner en orden las vivencias recientes: los paseos, los paisajes y las sensaciones, el esfuerzo de remontar laderas y escarpes, de vadear torrentes y adentrarse en barrancos. Se pregunta uno al dejar el valle si habrá sido lo suficientemente sabio para estar a la altura de las exigencias de la montaña, y habrá sabido amar y contemplar sus roquedos desnudos en lo alto, sus blancas marmoleras y sus granitos que resplandecen con la lluvia; la brisa fresca de la mañana y las últimas luces de la tarde, el rumor de los arroyos, el silencio azulado de las aristas y los cordales montañosos; el esplendor de las praderas, el brillo naciente de un verdor que tapiza las laderas del sotobosque en esta primavera; los barrancos que se estrechan encajonando el río en una sucesión de cataratas cuyo estruendo recuerda la impredecible y, sin embargo, incontenible respiración de la vida. Todos esos elementos del paisaje nos interrogan y, acaso, nos exhortan a asumir nuestra propia debilidad y encontrar en ella una forma de grandeza, que sólo el apoyo, la ayuda o la comprensión nos permiten convertir en fortaleza. La montaña nos conmueve con su imperecedera e insondable presencia y nos colma de pasiones y misterios que acaso sólo desde el cansancio de haber hollado esos senderos podemos valorar y comprender. Y, entonces sí, uno sale del valle notando cómo la felicidad le empieza a crecer, como esos rododendros que ya se desperezan del frío y se van abriendo de nuevo con las cálidas luces de la primavera.

jueves, 14 de mayo de 2009

Bueno ¡venga ya, malditos! No seáis lentos y ved el 5x23 y el 5x24, que no me voy a poder callar por mucho tiempo. ¡Ay, qué solitos nos ha dejado the cripple golden guy.....! Dear Greg, donde quiera que estés, no nos vuelvas a hacer esto, y menos con esa mirada.... y mientras sonando el "As tears go by" de los Rollings.... mortal de la muerte... nos quedamos solos en las trincheras luchando con las adicciones y los fantasmas... "Qué desiertos los hombres,/cómo chocan sin verse unos a otros sus frentes de/ vergüenza..." que decía Cernuda. Lo mejor es que he picado: uno se traga un poco a regañadientes las incoherencias del 23, pero se "toriniza", sí, en el 24. Es perfecto. Y compris la oseznidad wilsónica. (Adónde vamos a ir a parar con la jerga de consumo interno, cielos...). Lo bueno es que our beloved Greg se queda con el culo al aire : el subconsciente es siempre lo más divertido que hay. ¿Y si destapas el deseo...? Screw the world!
Torinizados como andamos, pues, no queda más escapatoria que poner rumbo de nuevo a Pau. Me espera mi pequeño balcón a los Pirineos. No pensaba yo que pudiera acabar encandilándome realmente la vida de provincias (¡gafapastas del mundo, no os rindáis!)
Ay, qué penita más grande. Vaya semana. Entre eso y que no sé por qué hice caso a C. y nos encerramos toda la noche a homenajear al "tierno salvaje".... Una sola vez más aquello de "¿dónde nos llevó la imaginación?" y nos vamos todos a pique... No comments.
Así que no me quedan paredes por las que subirme, he trepado ya las de todas las casas y despachos que frecuento, aquí y tras os montes. O la tesis acaba conmigo o yo con ella. Como no tengo especiales ganas de morir joven (¡qué incordio! con lo interesante que se está poniendo la cosa), y como lo único que gano son kilos, dioptrías y un orden que no me interesa nada, espero despacharla pronto, y a otra cosa mariposa. A la sabiduría por la ginebra. Por otra parte, esta vez ha sido una escoba lo que se ha caído, y lleva en mitad del pasillo toda la semana. Me quedo observándola con misterio y verdadero interés. Quizás antes de que alguien se mate la devolveré a su posición original... junto a un montoncito de pelusas que espera su turno :) Como decía Greg: "Great advice! You pretend that I'm gonna make that".

miércoles, 6 de mayo de 2009

Me he roto el colodrillo. Heme aquí reducida a la nada de la escritura. Salí a correr sin las gafas (adiós mundo cruel) y metí el pie en un ¿socavón?. Por otra parte, cada vez que abro la nevera se cae el bote del café, y automáticamente lo recojo y lo vuelvo a colocar en el mismo (e inestable, valga decirlo) sitio. No sé en que tipo de perversa huelga se han enrocado mis neuronas. Si no, sobrevivo gracias a un entretenido 600 kms-commuting entre Pau y Madrid. Cruzar el Portalet es la sal de la vida, seamos francos. Claro que las incursiones en los Cauterets me están dejando de un tostao un tanto extraño. En cuanto vuelvo me paseo por la cornisa de Peñalara a comprobar cómo sigue. Estupenda: