Hoy no puede suceder este sol , este claror, este ruido de un azul tan rabioso que no puede ser Madrid, ni su cielo, ni el asfalto ni las calles ni los coches los que a un cuerpo rodean mientras llega una luz palpitante. Hoy no puede ser cierto, esta ciudad, la ceniza del viento, el horizonte escondido. Eso y no la montaña, el mar, el húmedo aliento de los aguazales. No puede ser cierto, con este sabor de marzo en febrero, con la cálida piel de la arcilla y el barro. No puede ser porque donde hoy hay cansancio sucio de sueño y desorden, debiera haber senderuelas, arroyos, el susurro de la cartuja llenando el Lozoya, los ecos fugaces del Eresma, los canchales y los riscos, el cariño cóncavo de la Maliciosa, sus brazos azules tendiéndosenos, jaras secas, brisa fresca. Se puede morir de pena por no estar donde se necesita estar. Aunque sólo sea una mañana, lo que tarda el sol el ponerse, lo que dura el amor en primavera.