
Dormito en el abismo del recuerdo de las cumbres, al calor cóncavo de sus capas de estratos retorcidas. Desde aquí la ciudad parece un amasijo de sonidos estridentes, inexplicables. Nada de la geometría intemporal de las paredes graníticas o la
erosión de las moles calcáreas, ese mundo gris, ocre y rosa,
veteado por la negra memoria de las aguas.
