Mi jaca-paca y yo andamos ya en estado de nirvana absoluto: como-te-lo-cuento. Nos ha salido sin querer, aunque se venía venir (al final resulta que D. siempre tiene razón, es la pura lógica del tiempo. Es lo que tiene la vida --y quien la conoce: que acierta. ¡Oh, los sabios!). Camino del más ligero de los estados, no hay demasiada distancia entre eso llamado "mundo" y servidora: hojas amarillas, barro a los pies del río y muchos charcos. El remedio de todos los males personales siempre ha sido no pensarlos demasiado, se ponga como se ponga el que sea. Desde luego que en mi río no pescará un filósofo. Pa lo que hemos quedao, que decía aquel.