lunes, 30 de marzo de 2009
sábado, 28 de marzo de 2009
jueves, 26 de marzo de 2009
viernes, 27 de febrero de 2009
Lo he hecho, sí. Ya me hacían chiribitas los ojos pensando en las 36 horas de viaje, entre vuelo y escalas, que me esperan para llegar a Hobart --siempre quise un stop over en Changi, ese gran lugar.... -- De modo que no contenta con eso acabo de comprar dos billetes de avión --viva Jetstar-- a Christchurch y a Singapore... aprovechando que el Pisuerga pasa por aquella zona del mundo no podía desaprovechar la oportunidad... Estáis todos oficialmente invitados, que cuatro meses veraniegos dan mucho de sí, y allí nos toca la estación seca. Dicho queda: inmersión en la barrera de coral desde uno de esos resorts horteras, expedición en busca de la Morning Glory en el golfo de Carpetania, o walkabout, Uluru & songlines.
domingo, 22 de febrero de 2009
The secret life of high pressure areas
Lo que más me gusta de los días de anticiclón son esas mañanas frías de nubes bajas en Madrid, en que tan sólo hace falta ganar quinientos metros de altitud para dejar atrás su triste frialdad, encontrarse el sol brillando en un rabioso cielo azul y tener a los pies ese mar de nubes que encapota la ciudad. Cuando la universidad me hace perder un día con sus más que absurdas historias, yo me tomo dos, a mi plin, así que me instalo de nuevo en la Sierra, como si el sol de invierno fuera lo único ya que importara. Y de hecho lo es.
En fin.
Estos días los prados altos de la Morcuera se abren anchos y tranquilos en mitad del anticiclón, y los pastizales van surgiendo bajo la nieve que ya se retira en las solanas. Abajo, los olmos, y algunos tejos en Canencia, recuerdan el sentido de las latitudes....
viernes, 13 de febrero de 2009
But got back safely in the end. Apenas más de dos semanas por aquí, y el invierno es ya estupendo. Algún día cumpliré mi plan de vivir persiguiendo el invierno, de hemisferio en hemisferio. De momento, me saltaré el próximo verano, y ya pueblan mis sueños las cumbres nevadas de los Alpes neozelandeses. El recuerdo de los hielos me calma, driving home through a blizzard.
M. sigue despertando mi admiración con su espíritu de perpetua réjouissance. The perfect cheerfulness. Volví a la Cava baja en busca de ese cómico recuerdo que aun de vuelta sigue rondando su imaginación. A true test for a proper 'lieu de mémoire'. No entiendo cómo la gente puede desear estar enzarzada siempre en estúpidas discusiones y perder el tiempo tan miserablemente. El tiempo de estos vientos fríos que dejan las nubes abombadas sobre la sierra y traen y llevan los ecos de pasos y caminatas y despedidas y miradas. El tiempo en que el agua corre y en que se oculta el rostro del día tras las nubes. Intento recuperar los cirros en estas tardes del sur, pero se pierden en el caos familiar de las latitudes, las imágenes de otros lugares no me dan tregua. Mi mente hace y deshace mil veces el camino en tren por la costa, hacia Edimburgo, con sus reflejos de arcoiris y la nieve que extiende el horizonte del campo a lo lejos.
C. sigue insistiendo en meterme en sus discusiones con J. y el resto a su vez en buscar un apoyo que no sé por qué necesitan, como si tan sólo quisieran poner a prueba las lealtades de los otros por pura necesidad de sospechar, o por imposibilidad ya de confiar. Qué triste me resulta todo ese mundo. No entiendo ese espíritu de animadversión del personal. Siempre tuve la suerte o la desgracia de no tener demasiados motivos para llevarme mal con la gente. Ni siquiera para apartar a los que el camino me ha puesto al lado, y de tiempo en tiempo, se empeñaron en creerse mejores. Tampoco entiendo muy bien el mecanismo de esa creencia. Los que no nos sentimos con derecho a mucho tendemos a sentirnos agradecidos a la mínima. Quizá por eso somos unos sentimentales. Pero cuando pienso en los años pasados comprendo por qué todavía no ha conseguido todo eso helarme la sangre.

C. sigue insistiendo en meterme en sus discusiones con J. y el resto a su vez en buscar un apoyo que no sé por qué necesitan, como si tan sólo quisieran poner a prueba las lealtades de los otros por pura necesidad de sospechar, o por imposibilidad ya de confiar. Qué triste me resulta todo ese mundo. No entiendo ese espíritu de animadversión del personal. Siempre tuve la suerte o la desgracia de no tener demasiados motivos para llevarme mal con la gente. Ni siquiera para apartar a los que el camino me ha puesto al lado, y de tiempo en tiempo, se empeñaron en creerse mejores. Tampoco entiendo muy bien el mecanismo de esa creencia. Los que no nos sentimos con derecho a mucho tendemos a sentirnos agradecidos a la mínima. Quizá por eso somos unos sentimentales. Pero cuando pienso en los años pasados comprendo por qué todavía no ha conseguido todo eso helarme la sangre.
jueves, 12 de febrero de 2009
Quizás hayan sido los paseos estos últimos días, en medio de la noche cerrada, bajo la tormenta de nieve, por el camino de la Morcuera arriba, pero el eco de la sonrisa bonachona de M. y ese acento inglés que tan entrañable se me vuelve a hacer ahora, no se apagan. Nottingham on my mind. Mientras el sol de febrero me deja flotando, con esa calidez extraña, casi de primavera, que se mezcla con el viento frío, tan querido siempre. Vuelvo a estos días bordeando la sierra nevada por la Cabrera y hacia el Lozoya para poder entrar por la parte baja del valle. Y al mirador se asoman las nubes, que ya van cubriendo Peñalara, mientras J. y J. sonríen en la foto, y es mi memoria, apenas me atrevo a recordar que ha sido así, que sigue siéndolo, y no es la ayuda lo que J. nos agradece, sino la amistad. Y acaso tengo miedo de estar otra vez en las mismas.
Quizá si supiera vivir de otra forma no echaría de pronto de menos, en medio de la mañana, en el tren, la risa de M., su andar garboso en un lunes frío por las calles de Madrid, mientras habla y pregunta, y se mezclan trozos de mundo y de continentes, viajes, lo que se acumula en los años. Y no quiero dejar que el día se lleve el recuerdo de cuando de repente echo de menos ese instante, pero ya se lo está llevando el tiempo que viene, que empuja. Sigo pensando que encariñarse es ese milagro de las cercanías que nos deja felizmente trastornados, echando de menos, sabiendo que se echará de menos.
viernes, 9 de enero de 2009
Yo no sé por qué la gente no sale a correr los días que nieva, con lo divertido que es. Estábamos básicamente Rúper y yo esta mañana en El Retiro y una viejecita paseando el perro. Eso sí, Rúper iba en pantalones cortos, a lo suyo. A la vuelta, en la esquina de Ibiza marcaba -2. Y hace sólo unos días estaba corriendo sobre el lago a -23 en St. Moritz. Ay, qué desdicha. Y pensar que A. llamó ayer a media noche para intentar convencerme de que subiéramos a hacer snowboard hoy, ¡pero si es que en la Bola no se puede ni coger impulso,ah-pordioshombre!. Como en estos casos siempre llama J. para ejercer de jefe, comentar la jugada 1 (tick-tack-tick-tack) y la jugada 2 (tesis) y asegurarse de que el lunes estoy a las nueve como un clavo para ir a preparar la excursión del congreso, esperaré hasta las 14hs, ni un minuto más, luego me piro a ver si este finde abre y, crampones, piolet y el resuello que me queda mediante, hacemos la Cuerda Larga. Fingers crossed. El resto de planes, queridos habitantes de la ciudad, tendrán que esperar. Hughs&kisses to you all.



miércoles, 7 de enero de 2009
En fin, es que bajé a comprar tabaco y ya se sabe...... Al consabido 72-hour sleep syndrome de la vuelta de cada viaje, se le sumó una absurda gripe de esas paralizantes que he arrastrado por aviones, pasillos y camas de aquí y allá (un día más tomando calditos y zumitos y me pego un tiro). La fiebre se llevó algun que otro mal sueño y borró completamente mi adicción al café. Anonadada estoy. También he cambiado sin querer el chocolate por los kiwis, Onetti por Murakami, ya ves tú. Está por ver con qué resultados. Compartí padecimientos con la pobre Pequeña (que ya no es Pequeña, sino más bien Chiquituca), mientras fuera nevaba, y todos bajaban hacia el lago, mi gozo en un pozo y etcétera. Así que a la hora de la verdad: sólo algunas calles de Madrid, ciertos abrazos, algunas palabras, las de amistad, probablemente; algunos besos, sólo algunos, no olvido cuáles; las razones de D., todas; el eco de ciertas risas, estos últimos días de nieve en Flims, la presencia de M., los virus de nostalgia de mi padre, el número más marcado del móvil, el té con C. en el Café de las Estrellas después del cine, a pesar de todo, y volver mientras podamos volver.
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